LUCES SOBRE LA MASONERIA
DE LOS ANTIGUOS DIAS*

Denys Roman

 

I Parte

La tradición oral es muy importante en la Masonería, hasta el punto que todos los documentos escritos, y sobre todo los rituales, impresos o manuscritos, tan sólo pueden ser considerados como "ayuda-memoria". Sin embargo, la evolución del mundo en que la Orden masónica está obligada a vivir ha llegado a tal extremo que las facultades de memorización de la generalidad de los masones han ido poco a poco declinando, haciéndose necesario recurrir a esos "ayuda-memoria".

Los más antiguos de estos documentos han sido llamados los Old Charges; es, en efecto, exclusivamente en Inglaterra donde éstos han sido encontrados, en un gran número por cierto, si bien la mayor parte desapareció en el incendio de la logia "San Pablo" de Londres. No se encuentra en Francia ningún documento semejante, y Guénon, interrogado al respecto, pensaba que la Masonería francesa había permanecido oral durante mucho más tiempo que su hermana inglesa. Algo verdaderamente curioso es el hecho de que este privilegio con que la Orden parece haber beneficiado a Francia finalmente se le ha vuelto en contra. En efecto, es en Inglaterra en donde bastantes vestigios de las antiguas tradiciones masónicas fueron consignados por primera vez por escrito, gracias a lo cual han podido llegar hasta nosotros, a pesar del auto de fe de 1720, aportándonos de esta manera la prueba indiscutible del carácter altamente espiritual de los "Franc-Masones de los antiguos días".

El más antiguo de los Old Charges es el Regius Manuscript, que remonta al siglo XIV. La mayor parte de estos textos son mucho más recientes, si bien Guénon ha señalado que cada uno de ellos aparece como la copia de un texto anterior, sin que esto suponga negar la autenticidad de la tradición que "vehiculan".

Precisamente nuestro propósito es examinar a continuación uno de los últimos Old Charges, que es al mismo tiempo el más extenso de todos: el Dumfries Manuscript nº 4, escrito presumiblemente en 1710, es decir en la víspera de la mutación "especulativa" de la Masonería. Según Berger, es el más extenso de los manuscritos de este género conocidos hasta la actualidad. Es también uno de los más recientes, puesto que fue escrito poco antes de los acontecimientos de 1717. Es, en fin, aquel "en que la perspectiva específicamente cristiana es más acusada", y "el único en mencionar la obligación de pertenecer a la Santa Iglesia Católica". Añadiremos a este examen un texto célebre de la Masonería inglesa: se trata del Masonry dissected, de Samuel Prichard. Este texto no es un Old Charge; bien al contrario, se trata de la obra de un anti-masón publicada en 1730, aunque contiene un buen número de valiosas enseñanzas para conocer los años que siguieron a la "revolución" de Anderson. Utilizaremos para el estudio de estos dos textos la traducción publicada por Jean-Pierre Berger en el Symbolisme de enero-febrero de 1969.

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El Dumfries Manuscript nº 4, descubierto en 1891, parece haber pertenecido a la vieja Logia de Dumfries, en Escocia. Comprende una versión de la "Leyenda del Oficio" (con el "juramento de Nemrod"), las preguntas y respuestas rituales, y finalmente el blasón de la Orden, del que se dice remonta a la época del mártir san Albano. Berger realiza con frecuencia aportaciones muy valiosas. Hablando de los tres hijos de Lamech: Jabel, Jubal y Tubalcaín, nos dice que, según el Cooke's Manuscript (comienzos del siglo XV), Jabel fue el arquitecto de Caín (su ancestro de la sexta generación) para la construcción de la ciudad de Henoch. El autor destaca la presencia de la raíz JBL en los nombres de Jabel y Jubal, y también en la "palabra de paso" Shibboleth. Recuerda que dicha raíz, presente asimismo en la palabra Jubileo, evoca una idea de "retorno al Principio" 1. Esto es interesante. Pero, bien entendido, lo que hay de esencial en la palabra Shibboleth es su conexión con el "pasaje de las aguas".

Por otra parte, Berger cree ver una contradicción entre la afirmación de Guénon, que dice que "la primera piedra ha de estar situada en el ángulo Nord-Este del edificio", y el emplazamiento asignado a esta piedra por el Dumfries nº 4: el ángulo Sud-Este. Y añade: "René Guénon parece haberse inspirado en esto, como en otras ocasiones, sobre lo que Stretton había sugerido en su correspondencia con J. Yarker a propósito de la Masonería operativa, a la cual pertenecía". Podemos asegurar, Sr. Berger, que Guénon, aun concediendo mucho interés a la documentación de Cl. E. Stretton y su escuela, conocía también los límites, los cuales había señalado en ocasiones. De todas formas, la "toma de posesión del ángulo Nord-Este de la Logia" constituye todavía hoy la última etapa de la iniciación al grado de Aprendiz.


Otra cosa. Hemos aludido en una obra anterior 2 a la cuestión Hiram-Amon. En la mayor parte de los antiguos documentos la construcción del Templo no es atribuida a Hiram, sino a un cierto Amon. Ahora bien, en el Dumfries nº 4 no se habla de Amon sino de Hiram, hijo de la Viuda, atribución ésta que es afirmada con cierta insistencia.

La dificultad que al parecer resulta de la contradicción entre la generalidad de los Old Charges y el Dumfries nº 4 se centra en la lectura de una de las últimas preguntas de este documento: "¿Cómo fue construido el Templo? - Por Salomón y Hiram... Fue este Hiram quien vino de Egipto. Era hijo de una viuda, etc." Sin embargo, según la Biblia, Hiram Abif no procedía de Egipto, sino que fue enviado de Tiro por el rey Hiram en estos términos: "Yo te envío un hombre sabio y hábil, Hiram Abi, hijo de una mujer de la tribu de Dan y de un padre Tirio" (II Paralipómenos, II, 12). Estaremos de acuerdo que semejante divergencia con el texto sagrado no deja de ser significativa.

Por lo demás, la importancia dada a Egipto en la "Leyenda del Oficio" no sorprenderá a todos aquellos que la lean sin una idea preconcebida. La "tierra negra" [Egipto], que fue la cuna del hermetismo, está presente por doquier en este texto, y especialmente con ocasión de dos anacronismos poco comunes.

El primero es el que convierte a Euclides en discípulo de Abraham, durante el periodo en que el padre de los creyentes moraba en Egipto, en circunstancias referidas por la Biblia (Génesis XII), en donde Sarah es raptada por el Faraón; esta historia, que aparece nuevamente con Abimelech, rey de Gerara, tiene evidentemente un carácter simbólico 3. El segundo anacronismo es más sorprendente aún. Se trata del misterioso Naymus Grecus, "que había construido el Templo de Salomón", y que introdujo la Masonería en Francia bajo la protección de Carlos Martel.

Mucho se han esforzado los comentadores para comprender esta leyenda singular, y su erudición ha sido hasta tal punto puesta a prueba que nosotros dudamos en proponer una interpretación. Lo que nos mueve a ello es una nota aportada por Berger, según la cual Naymus Grecus (Minos Greenatus en el Dumfries) es designado también bajo las formas Mammongretus, Memon Gretus, Mamon Grecus, Memongrecus 4. Consideremos ahora: - que el hermetismo constituye la esencia de la Masonería (cf. la semejanza entre los nombres de Hermes y Hiram); - que Mammon, Memon, Mamon, Naymus, pueden ser deformaciones de la palabra Amon (o Aymon), nombre del arquitecto del Templo, que no es muy diferente de "este Hiram que vino de Egipto"; - que Grecus es evidentemente la palabra "Griego"; - y en fin que Carlos Martel "personifica" el "encuentro" de la monarquía franca, hija mayor del Cristianismo occidental, con el mundo islámico, encuentro "violento" ya desde el principio, pero que bajo el nieto del mayordomo [Carlos Martel] del palacio de Austrasia buscó la alianza del califa Haroun-al-Rachid (Aaron el Justo) con el "gran y pacífico emperador de los Romanos" [Carlomagno], a quien el califa abasida no tardó en enviar, con una embajada espectacular, las "llaves del Santo Sepulcro".

Por lo tanto, cabría preguntarse si esta increíble historia de las relaciones de Naymus Grecus, constructor del Templo, con Carlos Martel, no es en realidad sino un alto símbolo, destinado a velar y a revelar al mismo tiempo una "transmisión", capital para la Orden masónica, y de la que René Guénon ha hablado en las Aperçus sur l'Initiation (cap. XLI): el hermetismo es una tradición de origen egipcio, revestida de una forma griega, y que fue transmitida al mundo cristiano por intermedio de los Arabes.

Por otro lado, son evidentes las relaciones de todo esto con los misterios del "Santo Imperio". Pero pasemos a otro asunto. A propósito de la pregunta: "¿Dónde está la Logia de San Juan?", el autor estudia las respuestas ofrecidas, en las que se habla de un perro, de un gallo, de la sumidad de una montaña, y a veces del valle de Josafat. Berger ha observado muy bien "que aquí se trata de una antigua fórmula operativa", y, añadiremos, relacionada con un simbolismo del esoterismo cristiano muy próximo al de Dante. El valle de Josafat es el lugar tradicional del último Juicio, en donde la Logia de San Juan ha de encontrar su lugar conforme a las palabras del Cristo dirigidas a Pedro a propósito de Juan: "Si quiero que él permanezca hasta que yo venga, ¿qué te importa?" Correlativamente, la "sumidad de una montaña" corresponde al Paraíso terrestre, que toca la esfera de la luna, y de donde procede toda iniciación. El perro alude al secreto ("No echar a los perros las cosas santas"), y el gallo al silencio, ya que este ave reprochó a San Pedro el no haber guardado el silencio frente a las acusaciones de la sirvienta de Caifás. Además, astrológicamente hablando, el gallo es solar y el perro lunar (cf. los perros de Diana cazadora, los perros blanco y negro del Tarot que "aullan a la luna", etc.).

La fórmula correcta (cuyo comienzo ha seguido conservándose en Inglaterra y América) parece ser entonces la siguiente: "Sobre la más alta de las montañas, y en el más profundo de los valles, que es el valle de Josafat, y en cualquier lugar secreto y silencioso donde no se oye perro ladrar ni gallo cantar".

Señalaremos, en fin, la extraordinaria respuesta relativa a la longitud del cable-tow: "Su longitud es igual a la que hay entre la extremidad de mi ombligo y el más corto de mis cabellos". A lo cual se pregunta: "¿Cuál es la razón?", respondiéndose: "Porque todos los secretos permanecen allí". Rechazando como "bastante superficiales" las múltiples especulaciones calenturientas sobre esta cuestión del cable-tow, Berger busca una explicación "más técnica". Se trata, en efecto, de técnica constructiva, pero de una técnica característica de la construcción espiritual. El ombligo, símbolo del centro (y por donde pasa el "signo de reconocimiento de la maestría") es el "lugar" del tercero de los siete "centros sutiles" del ser humano (a través de los cuales se eleva el luz), estando los dos primeros (región sacra y región sub-umbilical) "cubiertos" por el mandil masónico; y la "ligadura" de este mandil se efectuaba originalmente por un "nudo" situado precisamente sobre el ombligo, nudo cuyas dos extremidades figuran todavía sobre los mandiles del modelo británico. En cuanto al cabello más corto, está relacionado con la fontanela superior y el vórtex capilar, cuya naturaleza "espiral" es visible entre los niños con los cabellos recién cortados. Y, en efecto, "todos los secretos permanecen allí", es decir, que ellos están "en sueño en tanto que la iniciación sea tan sólo virtual, a pesar de las 'innumerables' ocasiones ofrecidas por la Masonería para el despertar de las posibilidades de orden superior".

La fórmula perfectamente conservada por el Dumfries -como una joya intacta entre tantas f&oaccute;rmulas alteradas, mutiladas o convertidas en incomprensibles- proyecta una luz inesperada sobre las "operaciones" practicadas por los Masones de los "antiguos días", y evoca irresistiblemente las técnicas de este otro "Arte Real" que es el Râja-Yoga. Se entiende, pues, por qué Guénon se hizo eco de esta afirmación de Armand Bédarride: "La filosofía masónica es más oriental que occidental". Y Guénon añade: "Esto es verdad, ¿pero cuántos son los que la comprenden hoy en día?" (cf. Etudes sur la Franc-Maçonnerie, I, pág. 190). Han transcurrido casi cuarenta años, y no se puede decir que la situación haya mejorado. Las fórmulas llegadas hasta nosotros desde el fondo de las edades, si no es desde la "más alta de las montañas", permanecen olvidadas, desapercibidas o incomprendidas. Y ya se sabe como los antiguos representaban los cabellos de la diosa "Ocasión". Pero no tenemos derecho a desalentarnos, puesto que la Logia de San Juan permanece "en el más profundo de los valles", es decir que ella debe durar hasta el fin del ciclo. Existe en la Masonería una "solidez" (o para emplear el simbolismo de la Logia de Mesa, una "salud") que, para nosotros, está ligada a ese papel "conservador" que le reconocía René Guénon.

La obra masónica guenoniana (que no está separada del resto de su obra) portará, no lo dudemos, los frutos que "pasarán la promesa de las flores". Es verdaderamente sorprendente encontrar, en uno de los últimos Old Charges, tales informaciones sobre el cable-tow, informaciones que constituyen sin duda alguna lo que el Dumfries, en la pregunta 15 de su catecismo, llama el "secreto real". (Continuará)

 

Notas 
* Cap. VIII de Réflexions d'un Chrétien sur la Franc-Maçonnerie, Editions Traditionnelles. París, 1995. El título de este libro era otro originalmente: Histoire et Rituels Maçonniques, como apareció anunciado en la contra portada de otro libro del autor, René Guénon et les Destins de la Franc-Maçonnerie, editado en 1982 por Les Editions de l'Oeuvre.
1 Señalemos de pasada que Fabre d'Olivet, en su Langue hébraïque restituée, anotó que las consonantes BL, en una lengua no sagrada como la francesa, evocan la idea de redondez y, por extensión, de movimiento circular. Citemos las palabras pelota (balle), bola (bille), tazón (bol), burbuja (bulle), pastilla (boule), y también baile (bal) y bella (belle).
2 Cf. René Guénon et les Destins de la Franc-Maçonnerie.
3 Esta cuestión es tratada en el cap. XII ["Euclide, élève d'Abraham"] de nuestra citada obra.
4 Los nombres propios no bíblicos son frecuentemente alterados en los Old Charges. Se conocen los ejemplos famosos de Pitágoras, transformado en "Peter Gower", y de los Fenicios, asimilados a los Venecianos.