LA PIEDRA BRUTA

 

Miguel A. Aguirre

 

 

  La piedra bruta está trazada, en el Cuadro de la Logia, en el rectángulo inferior del mismo, o del Occidente (llamado "porche del templo"), en el lado del Norte.

El aprendiz está colocado en la Logia al pie de la columna del Norte, en el lado de Occidente. Es decir que la piedra bruta y el aprendiz ocupan posiciones análogas en el Cuadro y en la Logia, respectivamente. Como, además, el Cuadro simboliza a la Logia, así la piedra bruta simboliza al aprendiz.

De esta manera empezamos nuestro trabajo. Seguidamente nos asaltó la duda y nos detuvimos. Algo nos decía que aquel no era el camino y que debíamos buscar la vía adecuada antes de continuar. Mientras meditábamos en ello, ciertas lecturas que hicimos nos pusieron sobre la pista.

Una de ellas fue el libro "La Metafísica Oriental", de René Guénon, y en el que leímos: "La ciencia es el conocimiento racional, discursivo, siempre indirecto, un conocimiento por reflejo; la metafísica es el conocimiento suprarracional, intuitivo e inmediato. Esta intuición intelectual pura, sin la que no hay metafísica verdadera, no debe, por lo demás, asimilarse en modo alguno a la intuición de la que hablan ciertos filósofos contemporáneos, ya que ésta, por el contrario, es infrarracional. Hay una intuición intelectual y una intuición sensible; una está más allá de la razón, pero la otra está más acá; esta última no puede captar más que el mundo del cambio y del devenir, es decir, la naturaleza, o mejor dicho, una ínfima parte de la naturaleza. El dominio de la intuición intelectual, por el contrario, es el de los principios eternos e inmutables, es el dominio metafísico". Esto corroboró nuestra opinión sobre la plancha mencionada, y puso de manifiesto el carácter discursivo de su comienzo.

Como las planchas son trabajos sobre los símbolos o sobre cosas relacionadas con ellos, que nos ayudan a ir haciendo efectiva la iniciación recibida, que es el camino para llegar al conocimiento metafísico, parecía que, en la medida de nuestras posibilidades, debíamos ajustarnos a ese conocimiento, denominado intuición intelectual, a cuya comprensión nos ayudó igualmente otro párrafo del libro anteriormente citado, en el que se dice: "Para éste (el metafísico) de lo que se trata es de conocer lo que es; y conocerlo de tal modo que uno mismo sea, real y efectivamente, todo lo que conoce".

Así, pues, con una disposición nueva, fruto de las ideas expuestas anteriormente, reemprendimos el camino, intuyendo que la labor realizada hasta aquí era un paso dado o, también, un golpe de mallete sobre la piedra bruta.

La piedra bruta, piedra viva nacida de la unión del Cielo y de la Tierra, que lleva en sí misma, por herencia, materia, alma y espíritu, ha visto la luz en la casa del Padre.

Por la ley que rige el cosmos ha caído a tierra y la gravedad, su cualidad más grosera, la mantiene sujeta, alejada del vínculo celeste. Pero por su herencia espiritual y en virtud de esa misma ley universal, puede transmutarse en piedra cúbica, y recuperar así el estado primordial.

Sumida en la ignorancia de la dualidad, alejada de su origen, situada en el Norte, al exterior, en el frío húmedo de la noche, bajo la Luna, sin orden ni equilibrio y llena de impurezas, no puede en su estado actual, ser colocada en el Templo, símbolo del orden y la armonía universal.

Consciente de ello tras sus tres viajes por la cuatro direcciones y su corta estancia en Oriente, ha percibido la luz que le ha hecho ver su condición. Es consciente, igualmente, de que se le ha abierto la puerta del camino de retorno.

Un retorno a la restauración del estado original, en sentido inverso del espacio y del tiempo, el que es posible realizar mediante esfuerzo y trabajo interior. Trabajo en el que hay que utilizar las herramientas del Taller, el rito, los símbolos y la unión fraterna, espiritual y sutil, siguiendo las órdenes del maestro de obra y poniendo en ello el corazón, símbolo del centro del ser, para mantener viva la llama de la voluntad y la luz de la verdad.

Un retorno en que pasaremos por estados sucesivos, desarrollando y haciendo efectivas nuestras facultades sutiles e intelectuales o espirituales, y despojándonos de las groseras, hasta llegar al estado de "Hombre Verdadero" que un día fuimos.

Trabajemos sobre la piedra bruta, hagámosla receptiva vaciándola de sus impurezas, llenemos este vacío con las energías espirituales que se nos transmiten en este tiempo y espacio sagrados que vivimos realizando nuestro rito; y tengamos siempre presente que somos piedras vivas que emplea en la construcción de su templo el Gran Arquitecto del Universo.